sábado, 23 de enero de 2010

Haití y los servicios de referencia

Hace muchos años, seguramente 20, me impresionó saber que los servicios de referencia de las bibliotecas anglosajonas eran muy distintos a los que se prestaban en las bibliotecas públicas españolas, al menos las que yo conocía. Para mi asombro, tenían guías telefónicas de la zona, planos del metro, de las líneas de autobuses, información municipal, servicios sanitarios, urgencias, etc. En lo que entonces era mi biblioteca, la Biblioteca Municipal de Vallecas (Madrid), ese tipo de información ni se daba, ni nadie la buscaba. Esta impresión ha vuelto a mi memoria a raíz del terremoto de Haití.

A las pocas horas del tremendo desastre estaba recibiendo, fundamentalmente a través de Twitter, noticias de la situación. Al poco fueron muestras de solidaridad, información sobre donaciones y movilizaciones de voluntarios. Después empezarón a llegar muestras de acciones de sectores profesionales, empresariales o de algún tipo de comunidad. Casi inmediatamente podían verse las primeras imágenes del terremoto ofrecidas por Google Maps y realizadas en colaboración con GeoEye. También recibía noticias de las actividades de grupos de hackers, del International Committee of the Blue Shield, declaraciones de IFLA y muchas otras.

Sin embargo, sobre todas ellas me llamaron la atención las recopilaciones de recursos disponibles en Internet o en bibliotecas concretas realizadas por bibliotecarios anónimos. Fueron también inmediatas, algunas del mismo dia 12. La Boston Public Library ofrecía recursos sobre servicios de emergencia y servicios asistenciales y sobre el estatus de los haitianos en Estados Unidos. Todavía mantienen una página actualizada con noticias del terremoto. Las bibliotecas de la Universidad de Massachussets publicaban Disaster in Haiti : a guide to research and information en la que añadían fuentes de información sobre Haití en las bibliotecas de esa universidad o en la Web y, también, un apartado sobre noticias, la respuesta del Campus y la respuesta gubernamental.

Hay muchos otros ejemplos. La propia Biblioteca del Congreso añadió un enlace con recursos de todo tipo a su sección dedicada a Haití en Portals of the World, de mucha menor variedad que los mencionados anteriormente. La National Library of Medicine incluyó una lista en Haiti Earthquake, pero esto podríamos decir que es lo que corresponde ya que esta biblioteca cuenta con un centro especializado en situaciones de emergencia, el Disaster Information Management Research Center. Otros ejemplos son mucho más sencillos, sin los medios apabullantes de la NLM, hechos en páginas sin diseño de ningún tipo, elaboradas con rapidez y difundidas con más rapidez aún.

En España no hay una comunidad de haitianos tan numerosa como la de Estados Unidos. La Encuesta Nacional de Inmigrantes. Resultados por continentes y países más representados. Año 2007 del INE, sólo dice que en España hay 727.107 personas procedentes de América (excluyendo Argentina, Bolivia, Canadá, Colombia, Ecuador y Estados Unidos). Puede ser que no haya una comunidad a la que servir. Puede ser también que España no tenga los mismos intereses políticos y económicos en Haití que tienen los Estados Unidos, pero estoy convencida de que estos intereses, sean los que sean, no son los que han animado a las bibliotecas y a los bibliotecarios a recopilar y difundir recursos de información.

La cuestión es que no he encontrado nada similar en ninguna biblioteca española. Nada. Bueno, nada no. Hay que distinguir a la Biblioteca de la Universidad Complutense que en su sección La Biblioteca Informa ofrece algunos recursos sobre el Terremoto en Haití. Pero, nada más. Quizá no he buscado bien, quizá no estoy suscrita a los blogs adecuados, o quizá los buscadores no indexan esas páginas.

Me parece que España, entre españoles y extranjeros, es una comunidad de cerca de 47 millones de personas, entre las cuales habrá algunos miles, por lo menos, que, aunque sólo sea temporalmente, estén interesados en saber algo más sobre Haití. El servicio a la comunidad no es, pues, el criterio para recopilar recursos de información. O quizá es que se considera que el sitio web de una biblioteca no es un lugar apropiado para difundir información sobre la situación geográfica, económica, política, literaria, histórica o científica de Haití. O quizá hay impedimentos burocráticos para crear rápidamente, como corresponde, una pequeña bibliografía y subirla a la red. O quizá el mantenimiento del sitio web de la biblioteca no entra dentro de las funciones bibliotecarias. O quizá no hay material alguno sobre el que informar. O quizá los servicios de referencia de las bibliotecas españolas tienen otras funciones.

Esta falta de agilidad se nota en muchos otros temas de gran preocupación para una buena parte de los habitantes de España, como, por ejemplo, recopilaciones de recursos españoles, es decir cercanos a las personas que los necesitan, sobre la violencia de género o sobre muchas otras circunstancias de interés, temporales o permanentes (demografía, geografía, análisis económicos, etc.). Una labor de difusión de los datos que generan las propias administraciones públicas sería de gran valor para muchos.

La diferencia es clamorosa. La información a la comunidad está habitualmente restringida a las actividades de la propia biblioteca y no se extiende más allá. Y no hay terremoto que sacuda esta costumbre. Luego discutiremos si nuestro look es moderno y sexy, nos enfadaremos con todos los que nos ven con la tradicional imagen bibliotecaria y nos quejaremos amargamente de la falta de apreciación social de nuestra profesión. ¿Por qué será?

Francisca Hernández
Pasados 12 días del terremoto de Haití

PS: Agradezco a Xavier que me haya dado el empujón para escribir esto y me haya prestado su blog. Gracias, Xavier.


martes, 11 de agosto de 2009

Cartas del Diablo a su sobrina II

Quizá pueda extrañar de que esta nueva subserie comience en el número II en lugar de en el número I, pero no pretenderá el lector que el Diablo vaya hacer las cosas bien. La verdad es que estos textos, algo modificados, proceden de una correspondencia real entre un tío y su sobrina. La sobrina sigue en el título y si el tío adopta el apelativo de Diablo es porque no ha informado a la destinataria de su intención, lo que no está bien, aunque no sé si llega al rango de diabólico. Como supongo que nunca llegará a leerlas, el anonimato queda cubierto y por otra parte tengo tal cantidad de sobrinos, entre reales e imaginarios que no creo que sea fácil adivinar a quién iban dirigidos los supuestos originales que en cualquier caso están muy cambiado. Además, ya dijo quién lo dijera, que no se escriben obras de arte con buenas intenciones. En cualquier caso, y al ponerme bajo la advocación de C.S.Lewis creo que me resguardo de cualquier crítica.


Y aquí está la Carta número II

La idea de que unos científicos están construyendo un cerebro y que este cerebro no tendrá emociones es algo que no puedo evitar que me haga sonreír. La lectura del Frankestein de la señora de Shelley (que creo que lo escribió en tres o cuatro días y creó un mito universal) contextualiza perfectamente el origen de esas ideas, el positivismo puro y duro del siglo XIX, muy, pero que muy superado. Ya Goya como artista lo había intuido cuando tituló uno de sus caprichos El sueño de la razón produce monstruos.




Un poquito más al día, vemos que esas ideas proceden de la denominada inteligencia artificial que empezó a desarrollar
Alan Turing hace ya mucho tiempo, demasiado, y que tiene sus orígenes en algunas ideas de Leibniz, e incluso de Ramon Llull, bastantes siglos antes. El test de Turing es falaz, no convence a nadie cuando se lee y está demostrado que es incompleto. En cualquier caso, Turing era una personalidad excepcional y te aconsejo que leas alguna biografía suya sencilla, como puede ser cualquiera de las publicadas en la editorial Nívola, que te recomiendo en su práctica totalidad. Por cierto que hay muchas de médicos y biólogos que pueden resultarte muy útiles, porque están muy bien hechas, son esquemáticas y aportan buenas bibliografías y fuentes de información.

Francis Crick, uno de los dos descubridores de la estructura del ADN, dedicó alguno de sus esfuerzos al final de su vida a la búsqueda científica del alma, qué publicó en un libro, exactamente con este título, y que no te recomiendo especialmente, más que nada porque al final no llega a ninguna conclusión segura. Aunque los avances en neurología son enormes y se ha logrado hacer escáneres y tomografías cada vez más precisos, se está muy, muy lejos de conocer la verdadera naturaleza del alma, e incluso simplemente del cerebro y de sus funciones racionales superiores. En efecto, las más elementales que dieron origen al behaviorismo fueron descubiertas por Paulov hace más de un siglo, y han sido demostradas, precisamente por Chomsky, como insuficientes para dar explicación de algo tan básico como el lenguaje humano. En los años 50, cuando Chomsky se dedicaba a lo que sabe, la lingüística, demolió el behaviorismo lingüístico representado por Skinner en aquel momento.

Uno de los libros más difíciles sobre psiquiatría, psicología y funcionamiento del cerebro es Las sombras de la mente de
Roger Penrose, en el cual, utilizando el teorema de Gödel, la mecánica cuántica y los microtúbulos, demuestra como en el cerebro se producían todo tipo de cálculos no computables. Roger Penrose es uno de los tres o cuatro genios más importante de los siglos XX y XXI, aunque es sobre todo conocido por sus trabajos en colaboración con Hawkins, un físico y matemático algo inferior que él. Después que Las sombras de la mente publicó otro ligeramente más asequible, me parece a mí, pero ya puestos convendría que leyeses Las sombras de la mente que es más completo y cuyas teorías están más asentadas. Esta nueva obra se titula Lo grande, lo pequeño y la mente humana.


En resumen, que la inteligencia artificial que empezó a desarrollar Marvin Minsky en los años 50 dista mucho de haberse convertido en ningún tipo de realidad y que hay quienes como Penrose demuestran que la inteligencia artificial se verá restringida como cualquier otro sistema formal por las limitaciones que impone Gödel en su teorema y que además se ven constreñidas por el comportamiento ostensiblemente cuántico de la actividad eléctrica de los microtúbulos. Quizá en el siglo XIX pudo creerse, en pleno mecanicismo y positivismo, que replicar un cerebro era factible. En el siglo XXI ya se sabe que no y hay como quienes Penrose que creen haber demostrado, en línea con Gödel y Heisenberg, que se trata de una realidad formalmente indecidible.

Fragmenta Collecta V : España Sagrada. Tomo I

Si en la entrada anterior le proponía al curioso lector, de forma retórica, que intentase establecer una hipótesis por la cual la reseña de la historia de Espasa había cercenada de las páginas del Boletín, no me atrevo a hacer lo mismo con esta nueva edición de la España Sagrada del Padre Flórez. Pocas obras tan útiles como la del burgalés y tan utilizadas y elogiadas por don Marcelino. Esta nueva edición que cuando, por fín, se publica la reseña ha alcanzado, con admirable laboriosidad, ya el tomo XXX, sigue siendo tan útil a pesar del paso del tiempo como lo fue en su día y la nueva impresión, tan manejable, de tipografía tan limpia, con generosos márgenes y blancos, la hace más útil que nunca.


La Fundación Ignacio Larramendi llegó al acuerdo con la Junta de Castilla y León para editar como polígrafo la obra del Padre Flórez, nacido, como se sabe, en Villadiego en 1702 e incluirlo dentro de la futura Biblioteca Digital de Castilla y León, que está realizando tras el correspondiente concurso público la empresa DIGIBIS.


La impresionante riqueza de noticias de la España Sagrada podrá entonces recuperarse a texto completo y así se aprovechará la inmensa cantidad de información que contienen sus páginas.


España Sagrada. Tomo I. Contiene una clave geográfica y geografía eclesiástica de los patriarcados, con el origen de las dignidades pontificias, contraído con la Iglesia de España y divisiones de las provincias antiguas de estos reinos / Enrique Flórez ; Estudio preliminar El P. Enrique Flórez y la España Sagrada, por F. Javier Campos y Fernández de Sevilla; edición de Rafael Lazcano. - Madrid : Editorial Revista Agustiniana, 2000. - CLXXXI, 315 p. - ISBN84-86998-87-0.

Si en el Boletín de 1999 daba noticia y me congratulaba de la nueva época de la Biblioteca de Autores Españoles, tengo mucho gusto en anunciar y reseñar un proyecto absolutamente fundamental como ha sido para la historiografía española la España Sagrada, y que ahora y de nuevo, con el afortunado título de Flórez 2000, ha vuelto a ver la luz. Quien desee tener una información más completa debe acudir al sitio http://www.agustiniana.com/, el sitio oficial de la editorial Revista Agustiniana quienes, lógicamente, editan esta obra monumental.

Como es sabido, la primera edición del tomo I de la España Sagrada apareció en Madrid en 1747 y pronto una segunda edición vio la luz, también en Madrid en 1754. Más de un siglo hubo que esperar esta obra clásica para estar de nuevo disponible y esta vez gracias al impulso de la Real Academia de la Historia que en 1879 volvió a publicarla dentro de sus series editoriales. Por fin y en el último año del siglo XX ha aparecido de nuevo La Clave Geográfica con la que se abría la España Sagrada ya desde un primer momento.

Hay que decir en primer lugar, que el trabajo de Flórez va enriquecido por un magnífico trabajo preliminar de Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla que titula El padre Enrique Flórez y la España Sagrada y que a lo largo de 181 páginas, llenas de erudición y aparato crítico, lleva a cabo un minuciosísimo estudio, tanto de la personalidad y metodología del gran historiador sacro como, lo que todavía es más importante, un análisis muy pormenorizado de la España Sagrada en la que nuestro introductor, disecciona de forma verdaderamente detallada los fines y la metodología de la obra, estudia ponderadamente las críticas que la España Sagrada recibió o ha seguido recibiendo y, por último, hace una breve relación de los continuadores de la obra del padre Flórez.

Analiza también toda la obra desde un punto de vista estrictamente formal, pues enumera títulos y contenidos, impresores y años, dedicatorias y apéndices, adornos e ilustraciones, adiciones y correcciones, así como los distintos agradecimientos que fueron apareciendo a lo largo de toda la publicación. Por último, Francisco Javier Campos cierra su eruditísima introducción con una bibliografía del padre Flórez verdaderamente exhaustiva, por más que siempre sea posible añadir tal o cual menudencia bibliográfica.

Ya casi mediado el volumen empieza el texto de esta nueva edición de la España Sagrada, tan familiar a todos los que se han adentrado en el estudio de la historia española y gracias a esta nueva edición tan sumamente accesible, especialmente si se tiene en cuenta las 20 páginas de índice alfabético, verdaderamente útil, que el libro recoge al final.

Para finalizar esta reseña, conviene recordar que esta nueva edición de la España Sagrada va a componerse de 56 tomos que irán apareciendo paulatinamente en estos próximos años y que, sin duda, constituirán en cualquier biblioteca que carezca de esta obra un extraordinario instrumento como, efectivamente, lo viene siendo desde hace ya dos siglos.

No sé si la editorial Revista Agustiniana tiene previsto en algún momento llevar a cabo una edición digital de la España Sagrada. Yo me alegraría mucho de que fuera así, pues por muy buenos y completos que sean los juegos de índices, nunca alcanzarán las potencialidades de la búsqueda a texto completo y, naturalmente, no olvido ni por un momento que el padre Flórez está incluido, como no podría ser de otra manera, dentro de la Biblioteca Virtual de Menéndez Pelayo de Polígrafos Españoles.

lunes, 10 de agosto de 2009

Fragmenta Collecta IV : Enciclopedia Espasa : historia de una aventura editorial

Al ir rescatando de la incuria estas reseñas, que yo creo que están más bien que mal, y que, en cualquier caso, daban noticia y esbozaban una pequeña crítica de obras, sin duda, significativas para la cultura española y, sobre todo, desde el punto de vista del Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo, al pobre censurado (es decir, a mí) le queda siempre la perplejidad que se deriva de los criterios del censor. ¿Por qué se censuró esto y se publicaron otras? ¿A quién podía molestar?


Si algun lector de esta modesta entrada es capaz de darme una pista, le quedaré muy, pero que muy reconocido.


Enciclopedia Espasa : historia de una aventura editorial / Philippe Castellano ; traducción Caty Orero Sáez de Tejada ; [prólogo, José Carlos Mainer]. - Madrid : Espasa Calpe, 2000. - 582 p. - ISBN 84-239-9325-6


Me atrevería a afirmar que la Enciclopedia Espasa, el "Espasa" como es habitualmente citado, es la obra de mayor influencia intelectual en España en el siglo XX. Naturalmente esta idea no va a ser aceptada por nadie, pues se argumentará que la recepción de las nuevas ideas, de los nuevos conceptos que fueron fecundando la vida intelectual española a partir de la Restauración es debida a las lecturas de las obras originales, de las traducciones, de las revistas especializadas, de los viajes y becas en el extranjero y así sucesivamente. No importa. Una de las características esenciales de la influencia del Espasa en la cultura contemporánea española es su anonimato. Es decir, que mientras que para muchos autores resulta un timbre de erudición citar las obras que han leído, e incluso las que no han leído, las referencias al Espasa suelen omitirse cuidadosamente. Del Espasa se toman directamente los datos, a veces sin molestarse siquiera en variar la redacción, y se continua adelante. Cuántas veces, si tenemos la curiosidad de seguir la pista, o la obligación de deshacer algún enredijo bibliográfico, vemos como la transmisión repetida procede de un error del Espasa que se ha perpetuado durante veinte, treinta, cuarenta años. Por citar un solo ejemplo, Odriozola se quejaba y ponía de manifiesto cómo una confusión entre las obras de Francisco Camba y Julio Camba hacía aparecer en las referencias bibliográficas de este último, incluso entre quiénes decían conocer la obra del humorista gallego, alguna novela de su hermano. La fuente, el Espasa.

Por ello no es raro que la traducción al español del trabajo de Philippe Castellano haya pasado un tanto desapercibida; desde luego no se le han dedicado excesivas reseñas, ni se ha ahondado en la enorme influencia que Castellano desvela, parcial aunque suficientemente, en su obra. En primer lugar, hay que recordar que Enciclopedia Espasa : historia de una aventura editorial es la traducción de una tesis doctoral leída hace ya XX años y dirigida, como en cierto sentido era previsible, por Jean-François Botrel que, como es sabido, es el mejor estudioso del movimiento editorial español del siglo XIX y primer tercio del siglo XX.

El trabajo de Castellano llama la atención en primer lugar por su extraordinaria precisión metodológica y por el cartesianismo de su indagación. Verdaderamente, cuando se compara con alguno de los, por otra parte muy escasos, estudios dedicados a las editoriales o a los editores españoles y se contrasta con la metodología empleada por Castellano, hija seguramente de la dirección de la tesis doctoral por parte de Botrel, puede percibirse cómo todos los aspectos que caracterizan una empresa como la que se estudia en esas páginas están sistemáticamente analizadas.

La primera parte está dedicada a los aspectos financiero-económicos que transformaron la empresa familiar de José Espasa en la gran empresa Espasa-Calpe. Afortunadamente contamos ya con el magnífico trabajo de Mercedes Cabrera dedicado a José María Urgoiti, que nos aclara casi todos los aspectos de Papelera Española y de lo que fue Calpe. El capítulo II resulta interesante por el estudio comparativo que se realiza con el resto de las enciclopedias europeas y en particular alemanas, que sirvieron de ejemplo o que en algún caso fueron plagiadas directamente, con independencia de los acuerdos establecidos con algunas editoriales.

Verdaderamente rico e interesante es el capítulo III, en cuál se habla de la materialidad de la publicación, no de la impresión, que se analizará más adelante. Esos 15.000 ejemplares que se publican entre 1908 a 1920 y que pasan a 20.000 en 1923 suponen un retrato perfecto de como era la élite intelectual española, es decir los intelectuales propiamente dichos que manejaban, pero no solían citar el Espasa y lo que se ha venido en llamar el intelectuariado, es decir, esa población letrada y lectora que sin duda alguna necesitaba el Espasa para adquirir los conocimientos necesarios, para estar al día de lo que sucedía en el mundo con cierto grado de profundidad y para desentrañar las dificultades que pudieran surgir en la lectura de los libros que adquirían.

La segunda parte del libro está dedicada a la creación intelectual de la Enciclopedia y resulta de una importancia decisiva. Las listas de colaboradores de 1923 o de 1930, las instituciones de Barcelona o de Madrid que se integraron o vincularon al proyecto en cierta medida, revelan hasta qué punto la Enciclopedia Espasa fue una empresa intelectual de una magnitud suprema . Creo, y esto no lo dice el autor, que sólo el anonimato y cierto grado de retribución, no a los redactores habituales desde luego, sino a los colaboradores hicieron posible un proyecto de cooperación nacional, de acercamiento al conocimiento y a su transmisión que no ha tenido, ni tiene parangón en la historia de España. Es absolutamente asombroso ver la relación de colaboradores personales e institucionales que contribuyeron a redactar el Espasa y asombra que alguien fuera capaz de mantener una coordinación semejante. Si esto se compara con las dificultades que había tenido Don José Lázaro-Galdiano en otra empresa de la misma magnitud como La España Moderna, no puede uno dejar de asombrarse de la capacidad de organización de aquel José Espasa. Entre paréntesis diré, como en otras ocasiones, que sigue siendo una pena que la tesis de Raquel Asún sobre La España Moderna no se haya publicado nunca, pues son muy insuficientes los dos o tres artículos o colaboraciones como el de Archivum o el de la obra de colaboración dirigida por García Delgado en la que la profesora Asún sintetizaba sus investigaciones.

El capítulo III, dedicado al análisis del contenido de la Enciclopedia, es por su propia esencia discutible y, sin embargo, en mi opinión, resulta el más trascendental de todos, pues naturalmente el análisis del alcance y límite de las definiciones y de la orientación de las mismas es lo que califica el proceso de transmisión intelectual de las ideas. Me atrevería a discrepar ligeramente del Doctor Castellano, pues no creo yo que fueran explícitas, que no lo eran, ni siquiera expresas las normas de redacción que, en mi opinión, respondían perfectamente al ideario y al imaginario colectivo de lo que no hace tantos años se llamaba superestructura de la clase social que la redactaba y de la clase social, la misma, que suscribía o adquiría el Espasa.

La tercera parte resulta particularmente agradable, no es fácil encontrarse con ella en un libro dedicado al análisis intelectual, pues trata nada menos que de las condiciones materiales de la distribución de los conceptos, aspecto que obviamente resulta imprescindible conocer si se quiere tener una idea, siquiera aproximada, de cómo se produjo esa transmisión y no andar con fantasías moriscas, como suele ser habitual. No deja de ser curioso que autores que pueden quejarse repetidamente de las dificultades existentes para la transmisión de ideas en la actualidad, los imperios mediáticos, las presiones de las editoriales, el ninguneo crítico, supongan que históricamente esas condiciones no existían antes de su tiempo y que los libros se imprimían, encuadernaban, distribuían, vendían o se suscribían, sin que en ello mediara ningún tipo de esfuerzo intelectual. Si actualmente en España resulta francamente difícil que una obra supere los 3000 ejemplares de venta con una población que se ha más que doblado, resulta pues admirable, nuevamente, el esfuerzo material que permitió sostenidamente durante 30 años no ya la redacción y publicación del Espasa, sino su distribución y venta, incluyendo el proceso de optimización de la impresión, el análisis del papel y las ilustraciones, que tan atinadamente lleva a cabo el Doctor Castellanos.

Por el contrario, si se repasa mentalmente el análisis del proceso de edición de los grandes autores del 98 al que nos hemos visto sometidos estos últimos años, no dejará de sorprender cómo, excepto con rarísimas excepciones, los editores o historiadores de esa literatura suelen omitir cualquier referencia al proceso de fabricación del producto o de la revista en la que los noventayochistas publicaron, dando por supuesto que en horas veinticuatro pasaron de las musas al teatro y trazando influencias y elaborando teorías de la recepción sin un solo dato sobre tiradas, procesos editoriales, coste de los libros, y así sucesivamente.

Con esas premisas, esa tercera parte está distribuida de forma modelo en tres capítulos dedicados respectivamente a la impresión y encuadernación; la distribución; y, de forma verdaderamente sorprendente y absolutamente acertada, a la publicidad. Creo que con la excepción de alguna referencia a la publicidad de ciertas novelas de Blasco Ibáñez no recuerdo haber leído nunca nada y desde luego nada con el rigor de este capítulo en el análisis de un proceso intelectual español.

Lógicamente, a la vista del análisis de las sucesivas conclusiones que el doctor Castellano va llevando a cabo al finalizar cada capítulo y cada parte de la obra hay que andar desprovisto de mucho rigor científico para negar la tesis que se mantiene en este libro.

Dos son, pues, las enseñanzas que se desprenden de la realización de esta obra. El extraordinario método con que explícitamente se ha analizado el proceso de la creación del Espasa y la propia naturaleza del Espasa mismo. Como corolario, podría pues comentarse lo ya citado anteriormente, al inicio de esta reseña, la escasa fortuna, por así decirlo, de esta publicación (editada según creo en abril de 2000) que no ha conocido ninguna reimpresión ni reedición en todo un año, lo que resulta verdaderamente significativo y se han publicado durante este año algunas obras que no considero oportuno citar en las que sin duda alguna la consulta de este libro hubiera supuesto que determinadas afirmaciones tuvieran bastante más fundamento del que tienen en realidad. Realmente llega uno a preguntarse si la obra que estoy reseñando habría sido traducida y publicada en España, si la propia editorial Espasa no lo hubiera considerado interesante y lo hubiera distribuido fundamentalmente entre los suscriptores de la Enciclopedia, pues es lo cierto que, como si estuviéramos en pleno capítulo dedicado a la venta y distribución de la Enciclopedia Espasa, esta tesis de Philippe Castellano ha seguido caminos bastante alejados de los habituales en las librerías y, en definitiva, afirmar que no es fácil hacerse con un ejemplar de este libro si uno se muestra interesado por él.

Xavier Agenjo

viernes, 7 de agosto de 2009

Fragmenta Collecta III : Historia de la lectura pública en España de Luis García Ejarque

Según me voy recuperando de mi cirujía, sigo recuperando también los textos perdidos y no hallados en el Boletín del año 2002, censurados por las mismas razones por las que se censuraron al resto de los textos. ¿Qué razón había para omitir una modesta reseña sobre el magnífico libro de la Historia de la lectura pública en España de Luis García Ejarque. Seguro que menos aviesas que las que movieron al lápiz rojo del feroz censor para suprimir la repetidamente citada Crónica.


Mientras que el volumen de 2000 tenía 726 páginas, el de 2001 se quedó, a pesar de contar con un presupuesto ligeramente mayor, en 369. En su furor censor, suprimieron incluso el texto del lomo, lo cual hace más difícil el manejo de la colección, pero eso es verdaderamente peccata minuta.


Historia de la lectura pública en España / Luis García Ejarque. - 1ª ed. - Gijón : Ediciones Trea, 2000. - XVI, 533 p. - (Biblioteconomía y Administración cultural ; 35). - ISBN 84-95178-57-5

Luis García Ejarque ha sido uno de los mejores bibliotecarios españoles y aunque sus publicaciones han sido numerosas, su trabajo fundamental fue de orden práctico, especialmente desde 1958. Esta fecha es fundamental pues, como es sabido, desde ese momento empieza a funcionar en España un sistema de Depósito Legal verdaderamente eficaz y porque al mismo tiempo el Servicio Nacional de Lectura, dirigido de forma extraordinariamente acertada por Ejarque, dio unos magníficos frutos que, por desgracia, no fueron todo lo abundantes que hubieran podido ser. Esto no se debió, desde luego, a la falta de ideas, empuje y sentido de la organización, cualidades en las que Ejarque sobresalía, sino como consecuencia de una debilísima política presupuestaria dedicada a la lectura pública. Por desgracia, en 1985 al transferirse a las Comunidades Autónomas las competencias en bibliotecas, se desmanteló todo aquel sistema al que algunos políticos mal informados habían calificado de franquista y, que es lo cierto, todavía no ha vuelto a constituirse y edificarse de nuevo, a pesar de la buena gestión de alguna de las Comunidades Autónomas, debido a la absoluta inoperancia del Sistema Español de Bibliotecas.

Cuando Ejarque abandonó sus tareas de gestor comenzó a publicar una serie de libros verdaderamente extraordinarios, entre los que me gustaría señalar por su significado histórico y sobre todo por la gran cantidad de información que proporciona el dedicado a La formación del bibliotecario en España
[1], obra no superada, aunque sí sistemáticamente fusilada en todo tipo de tesis de (Biblioteconomía y) Documentación.

El libro objeto de esta reseña puede que corra la misma suerte, pues es formidable el arsenal de datos que proporciona, presentados de una forma muy aséptica y sin apenas pretensiones, aunque su metodología es original y, sobre todo, resulta extraordinariamente exhaustiva. El libro está dividido en 14 capítulos en los que se va historiando, con una enorme riqueza de datos, el proceso de la lectura pública en España, desde antecedentes remotísimos, como pueden ser nada menos que los del siglo XVI. Además de los 14 capítulos, que analizaré seguidamente, el libro presenta una bibliografía magnífica y perfectamente ajustada al hilo histórico conductor de toda la obra. Las cuarenta páginas de bibliografía son un trabajo formidable y constituyen un punto de arranque indispensable para cualquier indagación futura sobre las bibliotecas en España; pero no sólo sobre las bibliotecas, y esto es muy importante, sino sobre la instrucción pública, la historia del pensamiento, de la literatura y del patrimonio español, y en definitiva para la historia de la cultura. El libro va, además, enriquecido por un índice onomástico de cuarenta y seis páginas, que alcanza tal extensión (y es por ello tan útil) porque recoge todas las noticias y referencias a la totalidad de las bibliotecas mencionadas en el libro, varios centenares, que recoge incluso referencias a la Biblioteca del Instituto Provincial de Santander.

Los primeros capítulos del libro recogen procesos históricos muy poco o nada conocidos, como la Real Librería Pública de Valladolid, la Real Librería Pública de Madrid (capítulo 1), las bibliotecas públicas de cirugía (capítulo 2), los gabinetes de lectura (capítulo 3) o el deambular de la Dirección General de Instrucción Pública (capítulo 4) con su fundamental subcapítulo dedicado a la Ley Moyano. También muy interesante por lo poco conocido, aunque siempre citado de pasada, es el capítulo dedicado a la depuración de la lectura, con su epílogo bibliotecario tras la Guerra Civil, así como a la reconstrucción interior, nacida a partir de las actividades de la Dirección General de Archivos y Bibliotecas, los Centros Provinciales Coordinadores de Bibliotecas y el primer Servicio Nacional de Lectura. El capítulo 12 es muy interesante porque realiza un desapasionado análisis de las actividades bibliotecarias durante los Planes de Desarrollo, así como la aplicación de las normas para bibliotecas públicas de la FIAB (por cierto, traducidas siempre por el propio Ejarque).Con todo, el último epígrafe de este capítulo titulado Predicando en vano es sumamente significativo.

El libro se cierra con dos capítulos muy importantes, primero porque son historia viva del proceso experimentado por España durante la llamada II Restauración o Transición Española, y segundo porque el análisis del Ministerio de Cultura y de la lectura pública en las Comunidades Autónomas lo realiza justamente quién había sido principal protagonista durante la etapa anterior y conocedor, por tanto, de las transformaciones reales experimentadas por el sector en uno de los momentos históricos de mayor cambio político que ha visto España. Desde la desaparición de la Dirección General de Archivos y Bibliotecas hasta la creación, en dos etapas, de la Dirección General del Libro y Bibliotecas (que nuevamente ha incorporado a los Archivos, y que Ejarque analiza brevemente en el epígrafe 13.18) al estudio pormenorizado de todas y cada una de las Comunidades Autónomas y sus proyectos y planes de lectura pública, Ejarque se muestra conocedor, documentado, muy documentado, de unas bibliotecas en plena transición.

En resumen, este libro es un extraordinario procedimiento para romper la campana de cristal con la que tanta frecuencia se aíslan los procesos culturales en España, como si éstos no hubieran estado tan fortísimamente condicionados, como en cualquier otro país, pero, y esto es muy importante, no de la misma manera, por las infraestructuras culturales existentes en cada periodo. El conocimiento, pues, de estos planes de creación de esas infraestructuras de modificación o de reformas es fundamental.

Al valor instrumental que el libro tiene se le une otro de aspecto crítico, sumamente riguroso pues como he dicho, a pesar de que Luis García Ejarque fue protagonista durante muchísimos años de la lectura pública en España, ha sido capaz de escribir una historia sin prejuicios, verdaderamente crítica, es decir, dotada de criterio y en la que en rarísimas ocasiones asoma el apasionamiento personal. Ojalá que todos los libros que publica la muy activa editorial Trea en su colección de Biblioteconomía y Administración Cultural tuvieran el rigor y la altura de este que ahora comento, pues con frecuencia junto con obras absolutamente indispensables, se deslizan trabajos mucho más mediocres con errores y, sobre todo, y este es un problema general, con documentación de segunda mano, cuando no referencias de oídas. Por el contrario, La historia de la lectura pública en España de Luis García Ejarque es un libro riguroso, crítico, documentado y que recoge un periodo histórico que inevitablemente desaparecerá tras la irrupción radical de Internet, como tal vez sólo su autor hubiera sido capaz de historiarlo.
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[1] La formación del bibliotecario en España : de la paleografía y la bibliografía a la biblioteconomía y la documentación / Luis García Ejarque. - Madrid : ANABAD, D.L. 1993. - 127 p. ; 24 cm. - (Colección Estudios). - ISBN 84-88716-09-5.

jueves, 6 de agosto de 2009

A Vuelta y Revuelta con la Crónica

Como pudiera darse el caso de que no funcionara correctamente el pdf de la entrada anterior, añado las imágenes por el momento sin marginalia y realmente este es uno de esos casos en los que se cumple el viejo adagio de que una imagen vale más que mil palabras, y aquí el curioso lector, tiene nada menos que 22 imágenes, 22.



























A vueltas con la Crónica

Por mucho que lo intenté parece que Word y Blogger (el editor de Google para blogs) no se entienden bien y se perdía todo el maravilloso juego de marcas, es decir el lápiz rojo del ceñudo censor, o azul en ocasiones, o incluso su bella tipografía cuando, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que la ría de Miera desemboca cada vez peor, adornó su pequeña intervención en la Crónica, así como la de algún acólito anónimo.

Por lo tanto la mejor manera de dar una imagen fidedigna de aquello, qué mejor que un pronombre relativo, para mencionarlo, que insertar la imagen en pdf.

C:\Users\user\Documents\2009\PDF\Cronica_2001